Bosque...

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viernes, 31 de marzo de 2023

El último viaje (Relato de marzo para Estrellas de Tinta 2023)


Este es el tercer relato para el reto #EstrellasDeTinta2023, podéis encontrar las bases del reto de escritura de este año aquí:

https://plumakatty.blogspot.com/2022/12/reto-de-escritura-creativa.html

Este relato no tiene trigger warning pero puede resultar duro para algunas personas. 

El último viaje



Aún no he logrado asimilarlo. Devoramos kilómetros en mi coche, en dirección sur, con la música de fondo y sin apenas intercambiar palabras. Ella me mira y posa su mano sobre mi pierna, que tiembla. Sabe que eso me calma. Me siento como en una nebulosa, extraño, como si me estuviera viendo desde fuera de mí. Y revivo un dolor que ya conozco demasiado bien, ese que me arranca las lágrimas sin que surja metáfora alguna, el que desgarra mi alma sin preguntar. Y llegamos tarde, días tarde, semanas tarde, una puta vida tarde. Si me conoces sabrás que eso me puede, no soy de los que llegan tarde, soy de los que esperan. Pero el destino no espera. Te arranca de cuajo aquello que das por hecho que va a estar a tu lado toda la vida. Un amigo, un amor, tu familia, tus mascotas. Algún día seré yo, pero no hay afán. 


Así que allá vamos, a mi Málaga querida, el lugar que tantas veces he visitado y que tan poco conozco, haciendo de Mahomas en busca de la montaña, pero lejos de ser profetas, sino almas perdidas que vagabundean en un sueño imaginario y agridulce. Dulce por los recuerdos compartidos, por las charlas escasas pero memorables que mantuvimos, por la satisfacción de haberte podido dejar claro en vida lo mucho que te admiraba y lo mucho que valías.


En mi mente aflora un recuerdo del año pasado, haciendo ese mismo trayecto de forma precipitada, con la garganta llenas de lágrimas y recuerdos que no me podía permitir sacar. Ahora es un viaje de dos y sé que ella me consuela, que en lo poco que le conocía también llegó a apreciarle y valorarle y así es más fácil compartir la carga. 


Terminó su baile con una sonrisa, por todo lo alto. Aquel día se le leía ilusionado. Ilusionado con sus pasiones, con la escritura, con el baile, con sus plantas…


En el coche suenan Los Secretos e inevitablemente recuerdo aquel relato del verano del 21 que inspiró en la canción “Qué solo estás”. Derrochaba sensibilidad y melancolía por cada poro de su ser. Ojalá la gente hubiera visto lo que nosotros veíamos en él. Pero, aunque tuviera el corazón magullado, su ilusión por la vida estaba intacta. Nos contó una vez, no hace mucho, que él escribía para relajarse y sentirse feliz, para vivir cosas que ya no podía vivir o nunca pudo vivir. Eso es lo bonito de la escritura, que te permite momentos imposibles.


Ahora mi mente solo quiere viajar a sus historias, sumergirse en su melancolía, en sus bellas historias de fareros y sirenas, en sus robots y entres sobrenaturales, entre gigantas y aventuras imposibles. Y me siento como Don Quijote mientras devoro la mancha a 120 kilómetros por hora, viendo en esos hermosos molinos a las gigantes que le rechazaban.


Llegamos a media tarde a la ciudad. ¿Cuál es el plan? No hay plan. En realidad no sabemos gran cosa de su vida personal. Deambulamos por la ciudad y acabamos en la playa de la Butibamba, caminando por la arena cuando el sol está cerca de ponerse. Nos sentamos junto a la orilla a contemplar la puesta de sol sobre el mar, regalándonos ese momento de paz después de una jornada tan agotadora. Me abraza y me besa y me siento realmente afortunado. Pero triste. Nos vamos a un hostal a pasar la noche y a la mañana nos dirigimos a su casa. Por supuesto, no tenemos ni idea de dónde vivía. Recorro las calles de su pueblo susurrando su nombre y el viento me dirige, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, hasta que llego a una vivienda cuyo balcón está lleno de luz y color por las flores y plantas. Es un pequeño vergel. Sabemos que hemos llegado. Está claro que no hay ninguna intención de molestar a su familia, así que simplemente sacamos nuestro termo y nos sentamos sobre la acera a tomarnos con él el café que le habíamos prometido. Permanecemos charlando un par de horas, recordando los buenos momentos pasados, sus correcciones, su formalidad y su particular forma de ver la vida, los buenos momentos de años anteriores con Random, Yarcko, Katty, Isabel, Erica, etc., su inocente picardía, su novela, etc. etc. Bueno, más que una charla es un monólogo, pero dadas las circunstancias tampoco podemos pedir mucho más. Además él siempre respetó mi humor. Cuando nos vamos a marchar, observo que bajo su balcón hay una pequeña planta que se ha debido caer a causa del viento o de algún gato. Parece una planta de judías. Eso me suena mucho a él. Con mucho mimo, llenamos el termo con un poco de agua y tierra y sumergimos momentáneamente allí la plantita, hasta que podemos hacernos con un tiesto en condiciones. Miro a mi chica con cara de corderito y me dice que por supuesto, que nos la llevamos y que ella se encargará de cuidarla. Menos mal, porque si por algo se me conoce es por mi poca habilidad para mantener con vida a una criatura del reino vegetal, ya sea un cactus. Tras darle un largo abrazo y con lágrimas en los ojos, nos despedimos de aquella casa que decidimos que fuera la suya y nos encaminamos al coche para emprender el retorno. 


El viaje de vuelta es bastante sorprendente. La lista musical aleatoria nos lleva desde cantautores hasta pop español, pero en cierto momento, tras sonar "Ojos de Gata", mi chica me llama la atención insólita, para decirme que una hoja de la plantita se ha movido. 


—¿Cómo va a ser eso?— le digo, sin perder la vista del camino.

—Llámame loca, pero me pareció que agachaba la hoja superior, mi amor.


El spotify se vuelve un poco firulais y pasa de Los Secretos a Strauss. Me gusta la música clásica, pero me resulta extraño que elija un Vals, yo soy más de Chopin. Después de esa canción, suena una polca y después, una bachata y una salsa. 


—Te juro que esto está bailando, mi vida.


No puedo menos que sonreír.


Cuando llegamos a casa, plantamos a la criatura en el patio trasero. Se siente pequeñita en medio de los rosales y el cerezo, pero percibo que aquel es un buen lugar para ella.


En pocas semanas, la planta ha crecido casi un metro y luce espléndida en el patio. Si fuera posible, se diría que se le ve feliz. 


Me gusta sentarme en el columpio que está junto al jardín, a escasos dos metros de la planta y contarle las historias de mi amigo y las del resto de gente del reto. Cada vez que le narro un relato, crece como un par de centímetros más. 


Al final tenemos que trasladarla a una parcela más grande y le sigo contando y contando historias, cada momento que tengo libre. La planta no para de crecer y llega un momento en el que no se ve el fin. Es extremadamente gruesa y sus hojas tienen forma de escalinata.


Así que un buen día opto por vencer a mis miedos a la altura y subir por la planta para ver hasta donde llega. Permanezco horas, quizá días, subiendo, en pos de mi intuición, hasta que me doy cuenta de que me hallo sobre las nubes. La planta se extiende en dirección norte hasta llegar a una enorme criatura, a la que envuelve como si la abrazara. Dios mío, ¡es una giganta!


La giganta acaricia la planta con lágrimas en los ojos. 


—Lo siento— gimotea. —No es justo, tú no, no sabes lo que me arrepentí. Jamás te dejaré.


Me mira y me hace un gesto entre intimidante y afirmativo que tengo claro desde el principio. Chasquea los dedos y como por arte de magia aparezco en la parte inferior de la planta, de nuevo en la tierra. La planta, sin embargo, asciende lentamente, abandonando la tierra.


Comprendo que es el momento de separarnos. Llamo a mi chica y nos despedimos de ella, o quizá sea mejor decir de él, con lágrimas en los ojos. No sé si es posible o fruto de imaginación, pero juraría que sonrió.

Dicen que en ese parque, en noches nubladas se escuchan bachatas y vals en el cielo y que cuando retruena es la gigante intentando aprender el compás.

Sé feliz, compañero. Te echaremos de menos.


     FIN


En memoria de Juan Cuquejo, maravillosa persona que nos dejó el 17 de marzo de 2023.


Los objetivos elegidos son el 10,23 y 33. Hacer un relato en el que yo sea uno de los personajes, el de la reencarnación y el que dos personas estén de viaje.


Pegatina del mes:




4 comentarios:

  1. Entrañable relato, fácil lectura, además transmite ternura y la tristeza por no poder realizar todo lo planeado con un amigo. Pero, como sucede a veces, se marchan de esta vida sin avisar.

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  2. Precioso relato Kalen, no podía no llorar, estoy segura de que le habria encantado. Un abrazo.

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  3. Muy lindo relato :( me ha dejado con un nudo en la garganta pq igual estuve pensando en estos días sobre la frase del día de discord cuando decía que escribía para escapar de este mundo y ser feliz. Lectura ligera, sos un crack.

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  4. Leer este relato fue duro. Absolutamente cargado de sentimiento, de empatía, de pena... pero ante todo de cariño y de la ausencia de la perdida. Tal y como lo dijo Katty, seguramente a él le hubiera encanto y seguro lo hubiera comentado en el café pendiente. Es un relato hermoso Kalen. No pude leerlo sin llorar y ahora que volví a hacerlo para escribirte este comentario tuvo el mismo efecto, reitero mi admiración por tu escritura, tan polifacética y tan cuidada, pero de paso cargada de emociones.

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