Bosque...

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jueves, 29 de agosto de 2019

Mis cinco poemas propios favoritos (o cinco motivos por los que me vuelco en la prosa)

Ahora que está próxima la tarea de escribir un poema para el concurso de Gil de Biedma de Nava de la Asunción (un clásico en el que me gusta participar), quiero rescatar para los más curiosos mis cinco poemas propios favoritos. Sin más comentarios, simplemente ponerlos aquí para que los lea quien desee. Sé que no es un género muy popular y que tampoco soy ningún experto, pero se agradece muchísimo que comentéis y me digáis si os ha gustado alguno. Eso sí, críticas constructivas, por favor, que ya sé que están más escritos con el corazón que con la cabeza.  

Albores

Entre albores se ilumina este sueño de hidalgo flechado, 

siguiendo la estela de Erató, a esta Nava llegara,
no en pos de Dulcinea, que quizá por la Mancha hallara... 

sino de aquesta Aldonza, de imperfecto rostro dibujado.
De tal forma que a mediodía el autobús allí arribara 
y descendiera el joven caballero de su fiel montura, 
bien pertrechado de la ilusión que solo da la locura, 
oteando en el horizonte una musa que le amparara. 
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De su zamarra extrajo su móvil con extrema dulzura
y contempló el recuerdo que tan lejos le había llevado,
el reconfortante abrazo a ese poeta desdichado,
que sin Asunción le transportara hasta el cielo con premura.

Deambulando por las calles en busca del Peralejo, 
vaga así el corazón exangüe de este escritor obtuso, 
cuyo mejor poema es el ausente o inconcluso, 
pues la sombra de la incertidumbre muestra su reflejo.
Tatuado el escudo navero, allí en su epidermis marchita, 
más allá de torres ardientes como el fuego de su piel, 
a sabiendas de que su otrora amada buscará otra miel, 
solo le queda la esperanza de los versos que recita:
“Ni siquiera el tiempo derrotó al destino, 

ni el desamor tejió su tela de araña.
Si a los dioses pudiera implorar mi sino,

sería en tu regazo y aquí en mi España.”

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Mi último aliento

Ya no cuento con vivir,
he perdido la batalla.
Mi tiempo llega a su fin.
De mí, ya no queda nada.
Luna soy de lo que fui,
piel y huesos, la tez blanca.
Aquella sombra de allí
es la parca que me aguarda.
Ya no cuento con sentir
esos besos que anunciabas
cuando me acercaba a ti
a través de la pantalla.
¡Vida! ¡déjame morir!
A través de estas palabras
que tu mente hace fluir
como mías, disfrazadas...
Lamento dejarte así,
en silencio, tan callada,
pues la quimio que sufrí
me dejó sin luz al alba.
Poco más puede decir
esta chica enamorada,
gracias por estar aquí,
por tus sonrisas robadas.
Si tu piel yo merecí,
haya un dios que a mí te traiga,
cuando debas de partir,
inerte de cuerpo, el alma.
Sin rima exhalo por fin
mi último aliento.

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Introspecciones

Mirada a la ventana; 
mirada interna, distante, sorda... 

oscuridad cenicienta
entre brasa viva.

Misterioso paisaje; 

lluvia de estrellas
en noches de luna llena, 

¿inalcanzables?
Silencios impacientes 
ocultos entre paredes, 
cunde la prudencia 
ante muros de papel.


Ansia claustrofóbica
que se pierde en el vacío... 


vacío que deja la virtud
de lo imposible a... lo improbable.

Ventanas que son espejos 
que transparentan. 
Estrella brillante, luna negra, 
fascinantes... y lejanas.

Que se abra la ventana,
que se acerquen y rompan el sello... 


sueños improbables,
solo muros de papel... y silencios ocultos. 

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...

Un fuerte viento me impulsa...
hacia algo que deseo...
mas en mí surge una lucha...
del quiero... contra el no quiero...

Si me arrastrase ese viento...
si en el agua hubiera espuma...
si se aceptara aquel reto...
si se disipara la duda...

No sé si bajo la luna...
no sé si mis sentimientos...
no sé si todos a una...
no sé si entonces... sería el momento...

Quizá cuando los destellos...
quizá cuando el alma sufra...
quizá si del viento fuego...
quizá si de niebla bruma...

Quizá sí me deje arrastrar...
No sé si bajo la luna...,
Si la noche lo permite...,
... un fuerte viento me impulsa...

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Dos palabras

Dos palabras para aplacar la ansiedad,
dos palabras que te llegan dentro
cuando más lo necesitas...
saboreando la intensidad del momento.
Dos palabras imprescindibles,
para todos el sustento
tras el duro día a día,
alimentando a los sueños...
sueños que evocan hambrientas miradas,
despertar de los sentidos, los recuerdos...
Dos palabras que  me iluminan
al escucharlas, fuerte deseo
de satisfacer mis instintos,
dos palabras que paran el tiempo.
¿No conoces esas dos palabras?
No sabes cuánto lo siento,
deja que yo las susurre
para completar mis versos,
dos palabras, escucha, dos palabras para ti...
¡¡¡A comer!!!

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