Aquí os dejo mi relato de junio para el Origireto. Es continuación del relato que escribí en mayo llamado "El préstamo", cuya lectura o relectura recomiendo encarecidamente antes de leer este. Se agradece cualquier tipo de comentario, suscripción o donación anónima... ^_^`
El octavo
horrocrux
La
Tierra, año 2030. Tras varios años de paz y calma en el mundo mágico, éste
vuelve a estar amenazado por la sombra de un oscuro poder. El octavo horrocrux ha
permanecido oculto durante años en un trastero de una casa de Alcorcón. Sin
entender muy bien los motivos, su magia se desató años atrás, destruyendo casi
por completo la vida humana/no mágica y creando una potente ilusión que
ocultara sus efectos a los magos. Cuando unos veteranos Hermione y Harry lo
descubren, poco queda ya del mundo de los muggles. Nos dirigimos hacia una
sociedad primitiva que acabará seguramente llena de zombis y vendedores de
seguros, salvo que alguien haga algo por evitarlo. Ya sea por destino o por
accidente…
Dicen que las noticias vuelan, pero cuando
el vuelo depende de una lechuza cuya única obsesión es que no se le caiga su
gorro puntiagudo, la noticia puede demorarse un rato…
De tal manera que, para cuando Rinhewig
llega a la ventana del despacho de la ministra de magia, Hermione Granger, ya
es demasiado tarde para darle la vuelta a aquel entuerto. Hermione lee con
preocupación las noticias del mundo Muggle. Mientras desgrana las palabras que
se reflejan en la nota, las lágrimas resbalan lentamente por sus mejillas, como
queriendo delatar su presencia al mundo, pero sin enturbiar más su pesar.
Tras la lectura, enjuga las lágrimas y anula
el resto de compromisos del día, incluida la reserva a la exclusiva habitación
del magihotel-spa Zuk. Después, aguarda unos instantes sentada delante de un
viejo teléfono Muggle, funcional allí gracias a la magia. Está pendiente de dos
llamadas. La que tiene pánico de hacer, a su familia, temiéndose lo peor. La
que sabe que llegará, de Harry… Procrastina ante la certeza de que lo ocurrido no
se puede revertir. Se acerca al espejo colgado en la pared y cuenta hasta diez.
Al octavo número aparece la imagen de Harry.
—¡Hermione! ¡Has cancelado el Zuk! ¿Sabes
lo que cuesta encontrar un hueco...? Espera, ¿has llorado? ¿Ocurre algo?
Para el flamante director de la escuela de
magia Hogwarts la vida no es precisamente de color de rosa. A punto de cumplir
los cincuenta, atraviesa una profunda crisis personal que intenta mitigar
cediendo a sus instintos. Sin embargo, como responsable de la principal escuela
de magia, es su responsabilidad detectar cualquier mínimo signo de peligro y
una lágrima de Hermione, la mujer más fuerte que haya conocido, no es algo a
desdeñar.
Hermione muestra la nota y la acerca al
espejo.
—¡Accio! —dice Harry agitando ligeramente
su varita.
La nota desaparece de las manos de
Hermione y en segundos aparece en las de Harry, que la lee detenidamente.
—¡Por las barbas de Albus! ¡No puede ser
cierto! Hemos estado tanto tiempo en nuestra propia burbuja que nos hemos
olvidado de nuestra responsabilidad para con los muggles. Temo que sea
demasiado tarde…
Hermione tapa el espejo, no quiere
compartir su pena con nadie, ni siquiera con Harry. Agarra el teléfono y marca…
un tono, dos tonos, siete, nada… devastación… Llora cinco minutos, con las
manos en el pecho. Mientras sus lágrimas
caen por sus mejillas, siente como una de ellas se aferra como un koala a la
comisura de sus labios, como no queriendo abandonarla. Un momento… ¿qué hora es
en Australia? Vuelve a marcar, temblorosa. Tiene que hacerlo dos veces para
completar el número. Al cuarto tono escucha una voz.
—Casa de los Granger, ¿dígame?
—Disculpa mamá, me he equivocado, todo bien por aquí.
Hermione no dice nada más, solo se queda al
otro lado del teléfono escuchando la voz de su madre preguntando si está bien y
a su padre por detrás gruñendo acerca de la gente que llama a esas horas, que
no están para aguantar graciosillos. Sonríe y cuelga sin decir palabra. Escribe
una nota y la ata a la pata de la lechuza mientras le susurra el lugar de
entrega. A continuación, sube a la azotea y monta en el Ford Anglia azul. Es
hora de actuar, no hay tiempo que perder.
Rinhewig lleva echando desde hace un rato
el ojo a un pastel de calabaza que hay sobre la mesa de la ministra. Lo mejor
de ser lechuza mensajera es picotear entre entregas. Se rasca la cabeza y
prueba un poco de pastel. Total, salir cinco minutos antes o después no cree
que sea tan relevante como llenar su panza. Lástima que no hubiera una buena
cervecita. Al acabar se percata de que al rascarse la cabeza la nota se ha
caído. Rinhewig duda entre hacerse la despistada o coger la nota con el pico y
llevarla a su destino. Finalmente, decide leerla para decidir en función de la
importancia de la misma. No es porque sea una cotilla, sino para ayudarle a
decidir, ¿verdad? La nota indica lo siguiente:
“Al
receptor de esta carta. Como temíamos, finalmente nuestras sospechas estaban
bien fundadas. El octavo horrocrux existe y ha hecho estragos irreparables entre
los muggles. La superviviencia de la especie depende de que destruyamos el
Horrocrux antes de que se enteren los mortífagos. Ayúdame, A.D, eres mi única
esperanza. Te espero en 51°10′44″N 1°49′34″O. Por favor, destruye esta nota una
vez leída, si cae en malas manos podría tener consecuencias incalculables…”
Rinhewig memoriza el contenido y destruye
la nota siguiendo las indicaciones de Hermione. El papel sabe peor que el
pastel. Después, estira las alas, bosteza y sale por la ventana en busca de su
destino. Ahora se siente importante, con una misión de verdad.
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Han pasado diez años desde que el botijo y
yo tuvimos la brillante idea de conquistar el mundo y la verdad es que el
resultado no ha sido el esperado.
Cuando planeas un apocalipsis a veces se te escapan detallitos. Sí tuve en
cuenta que el gas letal fuera inocuo para las especies no humanas,
pero no pensé ni en la electricidad, ni en la comida, ni en el transporte... Cosillas.
El mundo de repente se nos hizo gigante. Con la ayuda de unos y otros, la
población se fue agrupando en el Reino Unido. Al fin y al cabo, era lógico, ya
que es donde más seguidores de Pratchett hay por metro cuadrado. Además,
gracias al cambio climático, Brighton era el nuevo Benidorm.
Nada más fructificar el apocalipsis y ser elegido
líder supremo, construí mi humilde palacio alrededor de Stonehenge, además de
un parque temático, Zombieland, inspirado por mis antiguas jefas. En Zombieland
la entrada era gratuita. Al entrar te daban una bolsa y elegías el arma que
quisieras, un bate, una recortada, etc. Podías recorrer el parque a tu gusto,
sin horarios. El único requisito para salir era llevar como trofeo cinco
miembros de zombi. Las cabezas puntuaban doble. Gracias al botijo creé los
primeros zombis, pero no hizo falta mucho más, ya que la mayoría de la gente
que entraba no salía y se convertía. De cuando en cuando invitaba a las jefas
para que limpiaran el overbooking.
Al principio me las prometía muy felices,
pero la comida empezó a escasear y no éramos capaces de saber cómo funcionaban
las cosas. La gente tenía que recurrir a la pillería y no me dejaban más opción
que seguir minorando la población mundial. Ya éramos solo siete millones.
Jamás hubiera imaginado que recibiría la
visita de dos de los personajes más ilustres que había dado la Gran Bretaña.
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—Emm, ¿hola? ¡Yo te conozco! Tú eres
Harry, ¡Harry Potter! Y, y, espera, espera, lo tengo, ¡tú eres Emma Watson!
—Me llamo Hermione Granger —dice Hermione,
un poco ofendida —y creo que tú eres el que ha montado todo este jaleo. Dinos
dónde está el objeto y no te pasará nada.
Raúl resiste la tentación de mirar donde
se encuentra el botijo, a la vista de todos. Al parecer, aquellos magos no conocen
la forma del tesoro.
—No hay nada que detener, en realidad. El
apocalipsis ocurrió hace diez años. Mucho hechizo y escoba voladora pero igual
tendríais que mirar más twitter.
La cara de Harry pasa de la estupefacción
a la ira. Aquel personaje está tomándoles el pelo y haciéndoles perder el
tiempo.
—Esto es serio. ¡Debemos destruir el
Horrocrux inmediatamente! ¡Cada segundo cuenta! —exclama Harry, visiblemente
nervioso.
—¿El Horroqué?
—Tenemos bastantes indicios de que el
objeto que ocultas guarda parte del alma de Lord Voldemort, el señor oscuro. Se
trata del octavo Horrocrux. En las manos equivocadas podría sumir al mundo en
la más temible oscuridad.
—No, si electricidad nos queda como para
dos meses. Igual nos podríais ayudar con eso…
—Me refiero a…
De pronto, un estallido de luz blanca les ciega
y de la luz surgen tres formas…
—¡Albus! —grita Hermione. —¡Has venido!
El viejecito del pelo cano y larga barba
blanca se acerca a la joven.
—¿Cómo dices? No conozco ese nombre. Mi
nombre es Mithrandir entre los elfos, Tharkún para los
enanos; Olórin era en mi juventud en el Oeste que nadie recuerda, Incánus en el
Sur, Gandalf en el Norte; al Este nunca voy.
—Está la cosa fatal en China, sí —aporta Raúl.
—Y este es mi discípulo, al que rescaté
abandonado en unas islas lejanas. Se llama Rikku.
—Es Rickon Stark —dice el pequeño —y quiero un
bocadillo.
Hermione se queda ojiplática y mira a la lechuza.
Sigue conservando el diminuto gorrito rojo. Le parece que la lechuza se encoge de
hombros. ¿Será posible?
—¿Eres mago, Minariz? Necesitamos toda la ayuda posible
y me recuerdas a un viejo amigo —comenta Harry.
—Llámame Gandalf, mejor. Y sí, soy el mejor mago
de la Tierra Media. Antes de que este bicho me llamara —señalando a Rinhewig —me
encontraba de retiro espiritual.
Raúl se acerca al botijo y acerca sus labios,
dispuesto a beber y acabar con aquel dislate.
—¡Detente, insensato! —dice Hermione, apuntándole
con su varita. — ¡Atabraquium!
Las manos de Raúl aparecen atadas antes de que pueda
acercarse al botijo. Retrocede unos metros y permanece quieto.
—Rápido, Harry, destruyamos el objeto.
Harry apunta al objeto y pronuncia:
—¡¡Abrala de Cabra!!
Nada sucede. El sudor corre por la mente del más
eminente mago del mundo mágico.
—Esto… ¿qué haces? ¡El veneno de basilisco!
¡Vamos!
Harry esparce el veneno en el interior del
botijo. Sin embargo, nada reseñable ocurre. Salvo que queráis considerar como tal
que Rinhewig da un respingo y eructa o que el joven Rickon busca comida en la
alacena, tirando al suelo lata tras lata con visible desesperación.
—Señor Gandalf, necesitamos su ayuda. Nosotros
solos no somos lo suficientemente fuertes para destruir el último Horrocrux.
Gandalf se remanga y saca una reluciente
espada.
—Esta es Glamdring. ¡Contempladddd su
podeeerrrr!
Un rayo blanco surge de la empuñadora de
la espada y alcanza al botijo, pero este permanece inamovible. A continuación,
invoca una bola de fuego, pero el resultado es igual de frustrante.
—Estamos condenados —dice Harry.
—¡¡Por fin!! —grita Rickon, entusiasmado. Muestra
triunfante una barra de fuet y lanza al cielo la enésima lata caducada de
fabada.
Al caer, la lata impacta en el botijo y lo
hace añicos. Se escucha un grito de dolor y la lechuza desaparece en una nube
de humo. En su lugar aparece un escuchimizado personaje de barba naranja que tapa
sus vergüenzas con un sombrero.
—Uppss, yo ya me iba—dice Rincewind
escupiendo una pluma, mientras emprende una loca carrera hacia los monolitos y
entra en la primera puerta dimensional que encuentra.
Huye sin contar su épica borrachera que le
llevó a su viaje interdimensional y a
cruzarse en el camino de Voldemort justo cuando creaba los Horrocruxes, ni como
su hechizo Octarino había asimilado sin problemas el alma de Voldemort y había
optado por pasar un buen rato con aquellos terrícolas pardillos.
Tras la inesperada y triunfal victoria del
bien, Harry y Hermione deciden fusionar ambos mundos para que todos puedan
coexistir. Gandalf emprende un viaje en búsqueda de su hermano Albus, del que
quizá no retorne. Y Rickon, pues… ¿qué Rickon?
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Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.
Objetivo: 17.: Haz un fanfic.
Objetos ocultos: Nº9 una lata de conservas caducada y Nº15 una pluma
Milpalabrista: 2019 palabras si contamos las notas al pie y la introducción, si no menos, ea.
Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:
http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html
o en
http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html