Bosque...

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viernes, 28 de junio de 2019

Penitencia (Microrrelato de junio para el #Origireto2019)

¡Hola! Otro mes más os dejo por aquí el microrrelato correspondiente para el #Origireto2019, el reto de escritura organizado por @musajue y @Stiby2. El micro de junio está inspirado en el fantástico relato de @GemaSeelie titulado Un jardinero en la nieve al que podéis acceder desde aquí. Es muy necesario leerlo antes de leer el microrrelato para entender el contexto.


Penitencia

Jamás olvidaría aquella noche en la casa de Limerick, la que le hablaba y le incitaba a pecar. Cillian Straub era un hombre devoto. El señor le había dado cinco hijos y una mujer ejemplar. Como hombre, conocía el peligro de las tentaciones y había aprendido a someterlas gracias al padre Gallagher. Cuando el demonio quería corromper su fe, el padre le ayudaba a descargar en él sus pecados. Por suerte, sus hijos eran sanos y puros. No así el joven Ulrich. Cillian le tenía un cariño especial. Aunque apenas le veía a lo largo del año, disfrutaba viéndole cuidar sus amadas orquídeas y sus lirios. Por ello, le dolió tanto ver al chico besando a otro en la cocina. El demonio ponía en su mente imágenes que debía cortar de raíz. Así pues, se ocultó, y en cuanto el otro chico se fue le hizo una visita. Se santiguó, acomodó la almohada y la posó sobre el rostro angelical de Ulrich, que dormía desnudo y relajado. Mientras la sujetaba, rezó tres salves y dos padres nuestros. Había salvado su alma.


  • Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019


  • Objetivo 4: Haz un relato que transcurra en una casa encantada.
  • Objeto oculto: nº4 Una criatura mitológica
  • Caracteres: 999 caracteres
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

    http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

    o en

    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • Aquí os dejo la pegatina del mes: 

  • jueves, 27 de junio de 2019

    El octavo horrocrux. (Relato de junio para el #Origireto2019)

    Aquí os dejo mi relato de junio para el Origireto. Es continuación del relato que escribí en mayo llamado "El préstamo", cuya lectura o relectura recomiendo encarecidamente antes de leer este. Se agradece cualquier tipo de comentario, suscripción o donación anónima... ^_^`




    El octavo horrocrux


    La Tierra, año 2030. Tras varios años de paz y calma en el mundo mágico, éste vuelve a estar amenazado por la sombra de un oscuro poder. El octavo horrocrux ha permanecido oculto durante años en un trastero de una casa de Alcorcón. Sin entender muy bien los motivos, su magia se desató años atrás, destruyendo casi por completo la vida humana/no mágica y creando una potente ilusión que ocultara sus efectos a los magos. Cuando unos veteranos Hermione y Harry lo descubren, poco queda ya del mundo de los muggles. Nos dirigimos hacia una sociedad primitiva que acabará seguramente llena de zombis y vendedores de seguros, salvo que alguien haga algo por evitarlo. Ya sea por destino o por accidente…


    Dicen que las noticias vuelan, pero cuando el vuelo depende de una lechuza cuya única obsesión es que no se le caiga su gorro puntiagudo, la noticia puede demorarse un rato…

    De tal manera que, para cuando Rinhewig llega a la ventana del despacho de la ministra de magia, Hermione Granger, ya es demasiado tarde para darle la vuelta a aquel entuerto. Hermione lee con preocupación las noticias del mundo Muggle. Mientras desgrana las palabras que se reflejan en la nota, las lágrimas resbalan lentamente por sus mejillas, como queriendo delatar su presencia al mundo, pero sin enturbiar más su pesar.

    Tras la lectura, enjuga las lágrimas y anula el resto de compromisos del día, incluida la reserva a la exclusiva habitación del magihotel-spa Zuk. Después, aguarda unos instantes sentada delante de un viejo teléfono Muggle, funcional allí gracias a la magia. Está pendiente de dos llamadas. La que tiene pánico de hacer, a su familia, temiéndose lo peor. La que sabe que llegará, de Harry… Procrastina ante la certeza de que lo ocurrido no se puede revertir. Se acerca al espejo colgado en la pared y cuenta hasta diez. Al octavo número aparece la imagen de Harry.

    —¡Hermione! ¡Has cancelado el Zuk! ¿Sabes lo que cuesta encontrar un hueco...? Espera, ¿has llorado? ¿Ocurre algo?

    Para el flamante director de la escuela de magia Hogwarts la vida no es precisamente de color de rosa. A punto de cumplir los cincuenta, atraviesa una profunda crisis personal que intenta mitigar cediendo a sus instintos. Sin embargo, como responsable de la principal escuela de magia, es su responsabilidad detectar cualquier mínimo signo de peligro y una lágrima de Hermione, la mujer más fuerte que haya conocido, no es algo a desdeñar.

    Hermione muestra la nota y la acerca al espejo.

    —¡Accio! —dice Harry agitando ligeramente su varita.

    La nota desaparece de las manos de Hermione y en segundos aparece en las de Harry, que la lee detenidamente.

    —¡Por las barbas de Albus! ¡No puede ser cierto! Hemos estado tanto tiempo en nuestra propia burbuja que nos hemos olvidado de nuestra responsabilidad para con los muggles. Temo que sea demasiado tarde…

    Hermione tapa el espejo, no quiere compartir su pena con nadie, ni siquiera con Harry. Agarra el teléfono y marca… un tono, dos tonos, siete, nada… devastación… Llora cinco minutos, con las manos en el pecho.  Mientras sus lágrimas caen por sus mejillas, siente como una de ellas se aferra como un koala a la comisura de sus labios, como no queriendo abandonarla. Un momento… ¿qué hora es en Australia? Vuelve a marcar, temblorosa. Tiene que hacerlo dos veces para completar el número. Al cuarto tono escucha una voz.

    —Casa de los Granger, ¿dígame?
    —Disculpa mamá, me he equivocado, todo bien por aquí.

    Hermione no dice nada más, solo se queda al otro lado del teléfono escuchando la voz de su madre preguntando si está bien y a su padre por detrás gruñendo acerca de la gente que llama a esas horas, que no están para aguantar graciosillos. Sonríe y cuelga sin decir palabra. Escribe una nota y la ata a la pata de la lechuza mientras le susurra el lugar de entrega. A continuación, sube a la azotea y monta en el Ford Anglia azul. Es hora de actuar, no hay tiempo que perder.

    Rinhewig lleva echando desde hace un rato el ojo a un pastel de calabaza que hay sobre la mesa de la ministra. Lo mejor de ser lechuza mensajera es picotear entre entregas. Se rasca la cabeza y prueba un poco de pastel. Total, salir cinco minutos antes o después no cree que sea tan relevante como llenar su panza. Lástima que no hubiera una buena cervecita. Al acabar se percata de que al rascarse la cabeza la nota se ha caído. Rinhewig duda entre hacerse la despistada o coger la nota con el pico y llevarla a su destino. Finalmente, decide leerla para decidir en función de la importancia de la misma. No es porque sea una cotilla, sino para ayudarle a decidir, ¿verdad? La nota indica lo siguiente:

    “Al receptor de esta carta. Como temíamos, finalmente nuestras sospechas estaban bien fundadas. El octavo horrocrux existe y ha hecho estragos irreparables entre los muggles. La superviviencia de la especie depende de que destruyamos el Horrocrux antes de que se enteren los mortífagos. Ayúdame, A.D, eres mi única esperanza. Te espero en 51°10′44″N 1°49′34″O. Por favor, destruye esta nota una vez leída, si cae en malas manos podría tener consecuencias incalculables…”

    Rinhewig memoriza el contenido y destruye la nota siguiendo las indicaciones de Hermione. El papel sabe peor que el pastel. Después, estira las alas, bosteza y sale por la ventana en busca de su destino. Ahora se siente importante, con una misión de verdad.

    ***********************************************************************

    Han pasado diez años desde que el botijo y yo tuvimos la brillante idea de conquistar el mundo y la verdad es que el resultado no ha sido el esperado[1]. Cuando planeas un apocalipsis a veces se te escapan detallitos. Sí tuve en cuenta que el gas letal fuera inocuo para las especies no humanas[2], pero no pensé ni en la electricidad, ni en la comida, ni en el transporte... Cosillas.

    El mundo de repente se nos hizo gigante. Con la ayuda de unos y otros, la población se fue agrupando en el Reino Unido. Al fin y al cabo, era lógico, ya que es donde más seguidores de Pratchett hay por metro cuadrado. Además, gracias al cambio climático, Brighton era el nuevo Benidorm.

    Nada más fructificar el apocalipsis y ser elegido líder supremo, construí mi humilde palacio alrededor de Stonehenge, además de un parque temático, Zombieland, inspirado por mis antiguas jefas. En Zombieland la entrada era gratuita. Al entrar te daban una bolsa y elegías el arma que quisieras, un bate, una recortada, etc. Podías recorrer el parque a tu gusto, sin horarios. El único requisito para salir era llevar como trofeo cinco miembros de zombi. Las cabezas puntuaban doble. Gracias al botijo creé los primeros zombis, pero no hizo falta mucho más, ya que la mayoría de la gente que entraba no salía y se convertía. De cuando en cuando invitaba a las jefas para que limpiaran el overbooking.

    Al principio me las prometía muy felices, pero la comida empezó a escasear y no éramos capaces de saber cómo funcionaban las cosas. La gente tenía que recurrir a la pillería y no me dejaban más opción que seguir minorando la población mundial. Ya éramos solo siete millones.  

    Jamás hubiera imaginado que recibiría la visita de dos de los personajes más ilustres que había dado la Gran Bretaña.

    ***********************************************************************

    —Emm, ¿hola? ¡Yo te conozco! Tú eres Harry, ¡Harry Potter! Y, y, espera, espera, lo tengo, ¡tú eres Emma Watson!
    —Me llamo Hermione Granger —dice Hermione, un poco ofendida —y creo que tú eres el que ha montado todo este jaleo. Dinos dónde está el objeto y no te pasará nada.

    Raúl resiste la tentación de mirar donde se encuentra el botijo, a la vista de todos. Al parecer, aquellos magos no conocen la forma del tesoro.

    —No hay nada que detener, en realidad. El apocalipsis ocurrió hace diez años. Mucho hechizo y escoba voladora pero igual tendríais que mirar más twitter.

    La cara de Harry pasa de la estupefacción a la ira. Aquel personaje está tomándoles el pelo y haciéndoles perder el tiempo.

    —Esto es serio. ¡Debemos destruir el Horrocrux inmediatamente! ¡Cada segundo cuenta! —exclama Harry, visiblemente nervioso.

    —¿El Horroqué?

    —Tenemos bastantes indicios de que el objeto que ocultas guarda parte del alma de Lord Voldemort, el señor oscuro. Se trata del octavo Horrocrux. En las manos equivocadas podría sumir al mundo en la más temible oscuridad.

    —No, si electricidad nos queda como para dos meses. Igual nos podríais ayudar con eso…

    —Me refiero a…

    De pronto, un estallido de luz blanca les ciega y de la luz surgen tres formas…

    —¡Albus! —grita Hermione. —¡Has venido!

    El viejecito del pelo cano y larga barba blanca se acerca a la joven.

    —¿Cómo dices? No conozco ese nombre. Mi nombre es Mithrandir entre los elfos, Tharkún para los enanos; Olórin era en mi juventud en el Oeste que nadie recuerda, Incánus en el Sur, Gandalf en el Norte; al Este nunca voy.

    —Está la cosa fatal en China, sí —aporta Raúl.

    —Y este es mi discípulo, al que rescaté abandonado en unas islas lejanas. Se llama Rikku.

    —Es Rickon Stark —dice el pequeño —y quiero un bocadillo.

    Hermione se queda ojiplática y mira a la lechuza. Sigue conservando el diminuto gorrito rojo. Le parece que la lechuza se encoge de hombros. ¿Será posible?

    —¿Eres mago, Minariz? Necesitamos toda la ayuda posible y me recuerdas a un viejo amigo —comenta Harry.

    —Llámame Gandalf, mejor. Y sí, soy el mejor mago de la Tierra Media. Antes de que este bicho me llamara —señalando a Rinhewig —me encontraba de retiro espiritual.

    Raúl se acerca al botijo y acerca sus labios, dispuesto a beber y acabar con aquel dislate.

    —¡Detente, insensato! —dice Hermione, apuntándole con su varita. — ¡Atabraquium!

    Las manos de Raúl aparecen atadas antes de que pueda acercarse al botijo. Retrocede unos metros y permanece quieto.

    —Rápido, Harry, destruyamos el objeto.

    Harry apunta al objeto y pronuncia:

    —¡¡Abrala de Cabra!!

    Nada sucede. El sudor corre por la mente del más eminente mago del mundo mágico.

    —Esto… ¿qué haces? ¡El veneno de basilisco! ¡Vamos!

    Harry esparce el veneno en el interior del botijo. Sin embargo, nada reseñable ocurre. Salvo que queráis considerar como tal que Rinhewig da un respingo y eructa o que el joven Rickon busca comida en la alacena, tirando al suelo lata tras lata con visible desesperación.

    —Señor Gandalf, necesitamos su ayuda. Nosotros solos no somos lo suficientemente fuertes para destruir el último Horrocrux.

    Gandalf se remanga y saca una reluciente espada.

    —Esta es Glamdring. ¡Contempladddd su podeeerrrr!

    Un rayo blanco surge de la empuñadora de la espada y alcanza al botijo, pero este permanece inamovible. A continuación, invoca una bola de fuego, pero el resultado es igual de frustrante.

    —Estamos condenados —dice Harry.

    —¡¡Por fin!! —grita Rickon, entusiasmado. Muestra triunfante una barra de fuet y lanza al cielo la enésima lata caducada de fabada.

    Al caer, la lata impacta en el botijo y lo hace añicos. Se escucha un grito de dolor y la lechuza desaparece en una nube de humo. En su lugar aparece un escuchimizado personaje de barba naranja que tapa sus vergüenzas con un sombrero.

    —Uppss, yo ya me iba—dice Rincewind escupiendo una pluma, mientras emprende una loca carrera hacia los monolitos y entra en la primera puerta dimensional que encuentra.

    Huye sin contar su épica borrachera que le llevó a su viaje interdimensional  y a cruzarse en el camino de Voldemort justo cuando creaba los Horrocruxes, ni como su hechizo Octarino había asimilado sin problemas el alma de Voldemort y había optado por pasar un buen rato con aquellos terrícolas pardillos.

    Tras la inesperada y triunfal victoria del bien, Harry y Hermione deciden fusionar ambos mundos para que todos puedan coexistir. Gandalf emprende un viaje en búsqueda de su hermano Albus, del que quizá no retorne. Y Rickon, pues… ¿qué Rickon?



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    [1] Alguno estará pensando que mi vida acabó disuelta como un azucarillo, según cuentan las microleyendas, pero eso es solo fandom. La realidad es que seguí dominando el mundo a placer, muajajajaja, ains…
    [2] Lo que explica que sobreviviera tanto paparazzi…






  • Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.
  • Objetivo: 17.: Haz un fanfic.
  • Objetos ocultos: Nº9 una lata de conservas caducada y Nº15 una pluma
  • Milpalabrista: 2019 palabras si contamos las notas al pie y la introducción, si no menos, ea.
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

    http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

    o en

    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • miércoles, 26 de junio de 2019

    Ejecución (Microrrelato)

    Hoy es míercoles de microrrelatos, así que qué mejor momento para compartirlo, que no va a ser todo Origireto.

    Aquí os dejo esta peculiar ejecución, con canción enlazada.

    Ejecución
    Noviembre llueve para mí. Es mi amarga despedida. Cuando termine la música, solo me quedará el silencio perpetuo o una eterna condena en el infierno. Me regodeo ante la idea de que el mundo entero contemple mi última voluntad. Sonrío a la cámara... “Nothin’ lasts forever”, maulla Axl Rose en su canción, desgarrando ahora el piano, ahora la guitarra. Vacío mi mente del resto de pensamientos, de todas las atrocidades cometidas en vida. Solo quedamos Axl, Slash y yo, dando nuestro último concierto, memorable, ante un público poco entregado. Muevo los dedos compulsivamente durante nueve eternos minutos. El público nervioso, expectante, protesta por la espera. La música termina y el guardia acciona la palanca. Os mostraré mi mejor baile…