Bosque...

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martes, 30 de abril de 2019

La fuga del carnero (microrrelato de abril para el #OrigiReto2019)

La fuga del carnero

La noche es nuestro territorio. Nadie ha conseguido jamás fugarse de nuestra fiesta del carnero. Él busca desesperadamente zonas de luz, lugares donde hay gente reunida y les alerta, nos señala, pero le toman por loco. Solo él puede vernos. Para nosotras, las señoras de la noche, no es más que un juego. Le habíamos insuflado algo de esperanza al dejarle creer que había seducido a Helen para que le diera la llave de la celda y ayudándole sin su conocimiento a eludir cada una de las trampas que habíamos situado estratégicamente en diversos lugares de la mansión, permitiéndole imaginar que su éxito había sido debido a su ingenio. Nada parecido. Cada vez que nuestro trofeo gira una esquina allí estamos, ante él, alimentándonos de su pavor... Llega el momento del festín, le rodeamos, pero aparece una invitada inesperada. Mierda, es un peligro para nosotras. Nos evaporamos mientras les vemos acercarse al Hospital Princeton-Plainsboro. Esperemos que nuestro querido Doc. le detecte el lupus...

*** Este microrrelato está inspirado en el relato de abril de @Stiby2, "La enfermera imposible", que podéis leer aquí, lo recomiendo totalmente: 
http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/04/relato-origireto2019-la-enferma.html#more

Aquí la pegatina:




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  • Este microrrelato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.
  • Objetivo: 5 Escribe sobre una fuga
  • Objeto oculto: nº30 Una llave
  • Caracteres: 1000 (ahí hilando fino...)
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

    http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

    o en

    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • Una amistad eterna (relato de abril para el #OrigiReto2019)


    Una amistad eterna

    —¡Rápido! ¡Por aquí! ¡Te juro que he visto uno!
    —Eso es imposible Sandy, hace mucho que acabaron con ellos, gracias a dios.
    —¡Te digo que lo he visto! ¡Vamos!
    Sandra cogió el palo de pinchos y corrió hacia el riachuelo. A mí me costaba seguirla y no estaba de humor para juegos de niños. Sin embargo, si de algo estaba seguro era de que no había ningún peligro próximo. Hacía ya más de dos años que el ejército había acabado con la plaga de zombis y hacía meses que no se escuchaba en la radio ningún rumor sobre avistamientos. No se habían dado más casos de ataques y lo cierto es que, quitando la pérdida de seres queridos y el retroceso tecnológico que había supuesto la debacle tras perder al sesenta por ciento de la población mundial, ahora no se vivía tan mal. Todo el mundo cuchicheaba y en los programas más sensacionalistas aseguraban que el ejército seguía haciendo pruebas y maniobras con zombis para operaciones tácticas y estratégicas de alto secreto, pero aquellos rumores parecían estar más cercanos a un guionista hollywoodiense que a una realidad plausible.
    —¡Espabila, atontao! —El cariñoso improperio de Sandy vino acompañado del impacto de una pequeña rama en mi cabeza. Resultaba increíble la puntería que tenía la pequeña.
    —Yo paso—le contesté, dándome la vuelta. —Sigue tú, nos vemos a la hora de comer, pero ve con cuidado no te vayas a caer.
    —¡Eres un cagao! Lo encontraré y le haré unas fotos para que me creas.
    Cogí mi bicicleta y me dirigí hacia nuestra casa, dejando a Sandy con sus juegos imaginarios de zombis, dragones y minotauros. Mi hermanita tenía una fantasía desbordante y siempre estaba con estas cosas. Lo mismo te traía a casa una lagartija, diciendo que era la cría recién nacida que le había regalado un dragón amigo suyo, que me acercaba un montón de bobinas de hilo y me llevaba al patio donde había improvisado un pequeño laberinto. Yo agradecía todos esos juegos, ya que no teníamos vecinos a kilómetros a la redonda y con las restricciones horarias de suministro eléctrico no había gran cosa que hacer durante el día. Alternábamos los días de búsqueda de víveres con los de juego y lectura, para recordarnos que, aunque comer era importante, no debíamos de olvidar que seguíamos siendo unos críos. 
    La guerra contra los zombis había sido brutal, devastadora. Cada uno de nosotros tuvo que luchar por su subsistencia y desarrollar el ingenio.  Recuerdo la primera vez que llegaron al pueblo. Habíamos escuchado las noticias sobre la extraña plaga en la gran ciudad y lo habíamos asociado a esas modas absurdas de drogas de diseño que tanto daño hacían a los jóvenes. Nada más lejos de la realidad. El día que el primer zombi llegó al pueblo estábamos sentados junto a un banco, con nuestros litros y nuestros móviles, viendo los vídeos de Youtube que subía el Tuercas, un colega que iba de Youtuber cañero y molón, pero que, como me había contado su hermano Dani, dedicaba las tardes a crearse cientos de cuentas falsas para darse likes a sí mismo. Subía vídeos conduciendo de forma temeraria y jugando al Fortnite. Nos encantaba verlos porque se flipaba muchísimo y nos echábamos unas risas viendo como siempre terminaba enfadándose y golpeando el monitor con una lata de cerveza en la mano, poniéndose perdido. Pero me voy por las ramas… decía que estábamos ahí, en el banco, ensimismados en nuestras movidas cuando vimos acercarse a un tipo, renqueando y con aspecto desaliñado. Lo primero que pensé fue que era un yonqui buscando algo para colocarse, pero había algo en su manera de moverse que no me daba muy buena espina. 
    Al notarme inquieto, Dani, el hermano del Tuercas, se fijó en aquel tipo estrafalario y le invitó a alejarse, a su manera:
    —Escucha, Yonkimierda, lárgate ahora mismo si no quieres que te meta la botella de ron por el culo.
    El tipo ni se inmuto y continuó acercándose a nosotros. Parecía respirar con dificultad y hacía unos ruidos muy extraños. Aquello me daba muy mal rollo, así que les solté a mis colegas un rollo de que tenía que recoger a mi hermanita y me piré corriendo hacia casa.
    Cuando llegué allí, Sandy me esperaba, asustada y con la voz temblorosa.
    —¿Has escuchado la radio? Esto es una pesadilla, nadie sabe lo que pasa.
    —Tranquila, hermanita, ¿a qué te refieres?
    —Por todas partes, Miguel, está pasando por todas partes. Gente volviéndose loca y atacando a otra gente. Dicen que se trata de una nueva droga de diseño muy potente y peligrosa, pero creo que nos ocultan la verdad. Por fin ha llegado, Miguel. Esto es como en la peli de Brad Pitt. Un apocalipsis zombi. No quiero morir, joder.
    —¿Te estás oyendo? No puede ser, tranquila, será una broma de esas de la tele, como cuando Orson Welles narró “La guerra de los mundos”.
    Encendí la televisión y estaba puesto el canal local. Habían interrumpido el western para conectar con la plaza grande. Era el lugar donde había estado hacía unos minutos con mis colegas. La escena que se podía contemplar era dantesca. Habían establecido un cordón policial alrededor de nuestro banco. En el suelo, tapados casi totalmente con lonas, se podían contar tres cuerpos. Reconocí las Reebok Pump de Dani. ¡Mierda! ¡Qué coño había pasado! La periodista indicaba que había habido un grave incidente con el resultado de tres personas muertas, una de ellas abatida por dos agentes de la guardia civil que, casualmente, pasaban por el lugar cuando acaecían los hechos. Los otros dos cadáveres eran de dos jóvenes, mujer y hombre de unos 20 años de edad, con fuertes desgarros en el cuello y marcas de mordeduras que habían resultado fatales.
    —¡Joder, ha sido el puto yonki, Sandy! ¡Seguro que se había tomado la droga nueva esa que vuelve loca a la gente! Los zombis no existen, no seas boba. Seguro que todo tiene una explica…
    Me quedé petrificado al observar que las lonas que cubrían los cuerpos de mis amigos se movían y Dani y Gema se levantaban, no sin dificultad. Al momento acudieron los facultativos para prestarles ayuda y ver cómo se encontraban, pero mis amigos se abalanzaron sobre ellos y justo en ese momento se perdió la señal. Busque el resto de canales urgentemente, pero en todos se había instaurado la carta de ajuste. Algo gordo pasaba y no solo en Valdeolmos. 


    Pasados unos minutos volvió la señal, pero para nuestra preocupación quien apareció en pantalla fue nuestro rey, con el rostro compungido. Habló de tiempos difíciles, de unión entre países y de que superaríamos esta crisis con mucho esfuerzo y sacrificio. En definitiva, que íbamos a morir…
    Perdí a casi todos mis amigos, a mis padres, a mis tíos y a mi novia. Solo quedamos Sandy y yo. Nos refugiamos en la finca de mis tíos a las afueras de la ciudad y construimos un bunker para situaciones de emergencia. Afortunadamente, solo tuvimos que usarlo un par de veces, aunque la segunda vez estuvimos allí tres días. Apenas podíamos aguantar los nervios cada vez que sentíamos que los zombis arañaban la puerta con sus uñas.
    El plan de contingencia de la ONU funcionó, más o menos. Hubo rumores de que los gobiernos de algunos países habían usado la excusa zombi para cometer un genocidio y que el número de víctimas por contagio o mordedura no había sido tan elevado.
    Pero de aquello ya no quedaba nada, salvo una sociedad en reconstrucción cuya tecnología había retrocedido décadas y un cambio de pensamiento y de prioridades por parte de los supervivientes como yo, que apreciábamos ahora con la máxima intensidad cada momento de vida y la importancia de vivirla con los tuyos día a día, cara a cara, abrazo a abrazo, por encima de Ipads, teléfonos y mensajes al viento.
    ¡Joder! Ahora me sentía culpable por no acompañar a mi hermanita a su aventura. Me di la vuelta y tomé la senda del riachuelo a toda prisa. Obviamente no íbamos a encontrar a ningún zombi, pero estaríamos juntos y nos echaríamos unas risas recordando viejos tiempos. 
    Encontré fácilmente el rastro de Sandy, ya que iba arrastrando el palo de pinchos sobre la arena al menos una vez cada quince metros, según habíamos acordado en la era zombi. Me adentré un poco más en el bosque hasta que la encontré tumbada, muy quieta, en un claro. A su lado había otra persona, también tumbada. Me temí lo peor. Sin pensar en las consecuencias, tiré la bicicleta y me acerqué corriendo a ella medio gritando medio llorando. La había perdido. Su acompañante se levantó como un resorte y giró la cabeza en mi dirección. No cabía duda. Era un maldito zombi. Busqué con la mirada el palo de pinchos y vi que estaba a un par de metros de ellos. Si era lo suficientemente rápido, quizá tuviera una oportunidad. Pero, ¿de verdad quería tenerla? No solo me sentía terriblemente culpable por no haber creído a mi hermana y haberla dejado sola, sino que no creía ser capaz de soportar un solo minuto más en este absurdo mundo. 
    Al momento vi a Sandy levantarse y sentí que estaba todo perdido. Ya no se trataba de enfrentarme a un puto zombi. Tenía que lidiar con dos y uno de ellos había sido mi hermana. Sería incapaz de hacerle daño, incluso en su estado. Me llené de rabia y decidí que, acabaría como zombi, pero me llevaría a aquel desgraciado por delante antes de unirme a mi hermana como cazador de cerebros.
    —¡Quieto! ¿Qué te crees que haces, merluzo? Deja a mi amigo en paz.
    Era la voz de Sandy. Joder, su voz. Los zombis no hablan, ¿no? No, no hablan. ¿Estaba viva entonces o yo alucinaba?
    —A ver, cagao, que estoy viva. Sé cuidarme sola, hermanito. Te dije que había visto un zombi y no me creíste, ¿eh? Te presento a mi amigo Manso. Manso, este es mi hermano Miguel. Por favor, no le hagas daño.
    El zombi emitió un gruñido y se sentó.
    Aquello era insólito. No entendía nada.
    —¿Qué… qué le has hecho? ¿Por qué no te ha comido?
    —Es un zombi vegano. El gobierno daba por hecho que solo por el hecho de ser zombis ya son seres crueles que tienen obsesión por devorarnos, pero no es así. Solo le di una oportunidad. 
    —Estás loca…
    —Anda, Miguel, ¿podemos quedárnoslo? Es inofensivo. Vamos, Manso, ¡muéstrale lo que te he enseñado!
    El zombi se incorporó despacio y me hizo una horrible mueca que en su fuero interno seguro que tenía voluntad de bonita sonrisa. A continuación, juntó sus manos haciendo la forma del corazón. 
    Aquello me descolocó por completo. Tanto como para terminar accediendo a que se viniera a vivir con nosotros. 
    Esa noche, cenamos juntos y felices una deliciosa crema de puerros y brócoli y unos champiñones.
    Era asombroso verle tragar. Un zombi vegano. Manda cojones. Abracé a Sandy y estreché la fría mano del zombi. Fue mi forma de darle la bienvenida. 
    Aquella noche me costó conciliar el sueño, pensando en la manera de ocultar a Manso de la sociedad. Estaba convencido de que si lo encontraban se lo llevarían para experimentar con él.
    Desperté por la mañana, muy muy cansado. Me picaba mucho el cuello y fui a mirarme al espejo, pero no noté nada raro.  Tenía mucha hambre. Intenté llamar a Sandy pero no me salía la voz. Me asomé a su habitación y la vi tumbada en la cama, profundamente dormida, no parecía ni respirar. En el suelo, Manso me miraba con su mejor sonrisa. 
    Escuché un timbre de bicicleta y me sobresalté. ¡El panadero había llegado! Sentía un hambre terrible. Me acerqué al panadero y me ofreció la bolsa de pan habitual. No sé qué ocurrió a partir de ahí, pero el pan acabó en el suelo y el cerebro del panadero en nuestra mesa de desayuno.
    Y es que, mis queridos amigos, vegano o no, un zombi es un zombi. Como yo lo soy ahora.


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  • Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.
  • Objetivo: 2. Crea un relato en el que aparezcan zombis,¡.
  • Objetos ocultos: nº19 Una botella de rón y nº35 una bicicleta
  • Milpalabrista: 2015 palabras 
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

    http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

    o en

    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • viernes, 29 de marzo de 2019

    Familia (Microrrelato de marzo del #OrigiReto2019)

    El siguiente microrrelato está inspirado en el relato "Cuéntame" de @alinata78, que podéis leer pinchando sobre su título o aquí.


    Familia

    —Va, rubio, no me vaciles.
    —Te lo juro, la máquina te lleva al lugar del pasado que desees.
    —Una puta Olivetti. Con los putos morlocks me va a llevar, no te jode.
    — Ya, que estás acojonado. Venga, escribe algo.
    —Dijiste abrir la caja, pillar rápido y fuera. Este sitio da mal rollo, tío.
    —Ya trinqué la pasta, tú prueba, venga. He leído los SMS entre Oscar y la tía esa. Esto es oro, tío.
    Sabía que me arrepentiría, pero metí el folio en el carro y empecé a teclear. Demasiado duras, oxidadas.
    —Vaya mier… —me callé, mientras mi dedo se hundía en la tecla ñ. Una sucesión de flashes llenó mi mente. ­—Pero, ¡qué hijoputa!
    —¿Qué has visto? —preguntó el rubio.
    -->
    —El pasado, mi presente y tu futuro —le dije, mientras ensartaba la Olivetti en su cabeza. Observé cómo la Ñ se alojaba en la córnea de mi amigo y me hizo gracia ver el carro de retorno hacer “cling” al chocar con su nariz. Tomé la pasta de su bolsillo y salí echando leches de aquella lúgubre tienda. Nadie le pone los cuernos a mi hermana.



    Aquí dejo mi pegatina mensual: 




    Este microrrelato forma parte del #Origireto2019 que organizan @musajue y @stiby2.

    Cumple el siguiente objetivo:

    14) Escribe sobre una infidelidad.

    Y tiene el siguiente objeto:

    13) Un mensaje (SMS, Whatsapp)

    Caracteres: 992 ^_^'

    Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

    martes, 26 de marzo de 2019

    24 de Marzo



    24 de Marzo




    Hoy es uno de los días más tristes de mi vida. Después de tan solo seis años de convivencia, me toca decirle adiós a mi mejor amigo, mi mascota, mi aliado y confidente, mi querido Dalí. Cada palabra que escribo me cuesta como una losa, pero es la única forma de brindarle a mi hijo perruno la despedida que se merece. Parece que fue ayer cuando paseábamos por el parque, él con sus andares desgarbados y alegres… ha sido todo tan repentino. Por desgracia, el informe médico es contundente. La lesión medular es irreversible y los dolores no ceden, no hay remedio. Aún no te tocaba, amigo, pero la vida es así de cruel. Aún recuerdo como si fuera ayer el día que fuimos a recogerte, a aquel pequeño pueblo de Alicante. Fueron casi tres horas en coche desde Castellón en las que íbamos cargados de ilusión y también con un poco de miedo. Cuando te vimos por primera vez, en la protectora, parecías un cervatillo, tan flaquito y con esa cara de perrito bueno que nos enamoró al instante. Los principios fueron difíciles, pero poco a poco te fuimos entendiendo y tú a nosotros. Te viniste a Madrid conmigo y fuimos creando un vínculo incomparable. Siempre alegre, divertido, con esa mirada inteligente que a veces nos daba qué pensar, como cuando apagabas la televisión con el morro para que te hiciera caso o aquella ocasión en la que, quisimos pensar que por casualidad aunque alguna duda nos quedó, apagaste la tele directamente dándole con la pata al off del mando a distancia… En estos momentos tan duros, es curioso como solo me llegan a la mente momentos de felicidad junto a ti. Entre tantos momentos, recuerdo con especial cariño aquella noche tan especial en la que tocaban Los Secretos en el recinto ferial de Alcorcón y nos dimos un largo paseo en busca de la música, tú encantado de que te llevara hasta el parque de perros y te dejase correr a tu gusto mientras te lanzaba la pelota al ritmo de “Aunque tú no lo sepas” o “Agárrate a mí María”. Que esa es otra, la pelota. Siempre interpretaste los juegos a tu manera, nunca como el resto de perros. Si lanzaba la pelota, corrías hacia ella y te quedabas al lado esperando a que yo llegara, la recogiera y la volviera a lanzar. Cuando lanzaba el disco, te quedabas a mi lado mirando el recorrido del mismo, en muchas ocasiones lanzándome miradas de desaprobación por mi mala maña. Y yo refunfuñaba por fuera mientras me reía por dentro y me daba un paseo a recogerlo. Aquella noche de paseo eterno acabaste rogándome que volviéramos a casa porque tenías ganas de dormir. Creo que fue la única noche que conseguí agotarte, normalmente era al revés.


    No creo que puedas imaginar lo difícil que ha resultado para nosotros la decisión de decirte adiós, pero nunca dudamos en primar el que no sufrieras por encima de nuestro egoísmo. Espero que, aunque corta, sintieras que tuviste una vida feliz junto a nosotros. Creo que fue así, tu sonrisa siempre estuvo ahí, hasta en los momentos más complicados. Es la hora de la despedida. Ayer te trajimos a Ranita, el primer juguete que te compró mami y que te acompañó desde el primer día con nosotros, ese juguete al que tenías tanto cariño y nunca destrozaste, el que te daba, junto a los abrazos de mami, la paz y el sosiego que te hacían falta en tus primeras noches de miedo e incertidumbre, cuando eras todavía un cachorrito. 

    Sin duda eres un perro especial. A cada sitio que ibas llamabas la atención. Por tu forma de correr, de jugar, de disfrutar cada segundo. Irradiabas felicidad. Si hasta hicieron un pequeño musical sobre tu vida, desde que naciste hasta que te recogimos. Creo que al menos te vas sabiendo todo lo que te hemos querido, que hemos intentado ser los mejores amos posibles, con nuestros aciertos y errores, pero siempre con todo nuestro amor. 

    Si hubiera un cielo de perros, espero que te reencuentres allí con tu mamá y podáis corretear por campos infinitos y pasar juntos el tiempo que os correspondía y la vida no os concedió.

    Ojalá este relato tuviera uno de esos giros finales e impredecibles que lo cambian todo. Ojalá hubiera un hechizo para revertirlo todo… Pero no es así. Solo me queda decirte que te quiero, mi gandulfo, todos te queremos.

    Hasta siempre amigo.

    K.

    PD: Me encantaría saber qué pasa por tu cabeza en estos momentos, mientras me miras con tanta intensidad y ternura, como si detectaras el torrente de lágrimas que se oculta tras mi gesto falsamente feliz y risueño.


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    Hoy es uno de los días más felices de mi vida. Después de unos días de preparación, parece que he superado todas las pruebas y ya han dado el visto bueno… ¡hoy es el día en el que volveré con mi mamá! Estoy muy emocionado con todo esto, aunque bastante cansado y tengo el cuerpo raro tras tantas pruebas. Mi mamá humana y mi papá humano han venido a verme de nuevo y me han dado un montón de besos y achuchones. También han venido mis tíos humanos que, aunque tenían los ojos un poco mojados, me han dado también todo su cariño y han querido despedirse. Además, ayer mis papis trajeron un montón de chuches y a Ranita, mi juguete favorito, y he estado durmiendo con mi cama y mi mantita. Les voy a echar un montón de menos a todos, pero también tengo ganas de reencontrarme con mamá y que se sienta orgullosa y contenta de verme. ¡Ha pasado tanto tiempo! Es verdad que eso de no poder levantarme me pone un poco nervioso, pero mis compis perrunos me han dicho que una vez que me vaya con mamá me sentiré totalmente liberado y podremos correr juntos por los campos persiguiendo conejos. ¡Tengo tantas ganas de verla y contarle lo maravillosos que han sido todos estos años y todo lo que he aprendido! Ya casi no me acuerdo, pero todavía siento el calor de los brazos de mami humana cuando yo era chiquitín y me achuchaba para que no tuviera miedo… y como papi me calmaba para que aprendiera a comer sin ansia y sin morder. Le contaré a mamá lo bien que lo pasaba en el parque jugando con toda mi pandilla, sobre todo con Kira y Zoe, mis inseparables, pero también con Costra y Calle, Renato, Dama, Vega, Noa, Kaiser, Leo, Coco y los demás. ¡¡¡Vaya carreras que nos pegábamos!!! Al principio mi papá humano me reñía porque iba como un pollo sin cabeza, corriendo como un caballo desbocado sin mirar lo que tenía delante y me daba topetazos accidentalmente con los otros perros y algún arbolillo, pero es que me sentía tan feliz que tenía que liberar esa energía de alguna manera. 


    También le contaré a mamá como era la casa de mami y papi humanos y el rinconcito que tenía con mi cama y mis juguetes. Eran tan buenos que acabé colonizando el sofá de papi. Cuando me quedaba solo en casita, me encantaba estirarme en él y echarme buenas siestas, me sentía seguro y reconfortado allí arrebujado. También me encantaba tumbarme junto a papi humano cuando este cogía el cacharro de los botones y se sentaba junto al televisor a jugar a eso de la pelota. Me chiflaba poner la cabeza encima de su muslo y que entre jugada y jugada me hiciera cosquillitas en el cuello y las orejas.

    En el verano, papi y mami humanos siempre me llevaban unos días a jugar con mis amigas perrunas  Bimba y Lola y con la señora maja a aquella fabulosa casa grande junto al campo. Me encantaba tumbarme en el porche a tomar el sol, me podía quedar horas ahí relajado.

    Tengo que contarle tantas tantas cosas a mamá… Me hice amigo del cachorrillo humano de papi y mami y me ayudó a no tener tanto miedo a los cacharros con ruedas. Me encantaba jugar a la pelota con él y con mami en el pasillo y acercarme a él cuando le daban de comer porque siempre acababa pillando algo rico.

    Les voy a echar mucho de menos, lo sé. Miro a papi humano y sé que a él le pasa lo mismo, porque aunque me hace cosquillas tiene los ojos mojados por dentro, como cuando lanzan petardos y me escondo debajo de la mesa.

    Parece que ya me llevan. Los tíos ya se han ido y papi y mami vienen conmigo a la sala de despegue. Me están dando muchos besos. Parece que ahora me dormirán para que el viaje sea más tranquilo, aunque yo nunca me he mareado en los viajes. 

    Me está entrando el sueño ya… miro a papi y mami humanos con todo el amor que puedo y me despido, ilusionado por ver pronto a mi mamá.

    Comienza una nueva aventura…



    *** Dedicado a la memoria del mejor perro del mundo, que nos dejó este domingo.

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  • Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019 para el objetivo 19- Básate en una noticia o hecho real para escribir un relato.
  • Objetos ocultos: nº6 Un informe médico y nº12 una mascota
  • Milpalabrista: 1498 palabras 
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

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    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • jueves, 28 de febrero de 2019

    Noche de fuego

    Noche de fuego



    Aquella noche tenía ganas de batalla. Habían pasado ya seis meses desde la inesperada ruptura y la consiguiente salida de mi vida de Álex, al que había llegado a considerar el amor de mi vida, y estaba decidida a brindarme un buen homenaje de despedida y cierre al absurdo luto que había estado guardando. Buscaba algo exclusivamente para una noche, pero quería sentirme especial, hallar a un hombre romántico y sensible que me empotrara hasta atravesarme mientras me comía la oreja susurrándome poemas de cosecha propia. Y es que no buscaba ningún príncipe azul que acudiera en mi rescate, estaba muy a gusto conmigo misma y mis juguetitos. Sin embargo, aquella noche me apetecía convertirme en Savage Silvia. Anónima. Desatada. Un torbellino de fuego y deseo. 

    Pero la verdad es que no tenía mucha idea de cómo empezar ni nadie a quien mereciera la pena llamar. Siempre había sido una mujer muy introvertida y en mi agenda de ligues no había nada destacable. Alex ya no estaba en concurso, mierda. Así que opté por lo más fácil, el famoso Tinder, con más ganas que esperanzas, a decir verdad. Rellené el perfil en unos minutos sin prestarle demasiada atención, ya que tenía la seguridad de que una foto bien tomada haría mucho más efecto y me puse mi top más sugerente y unos leggins para resaltar mi figura. Lo cierto es que con aquellos trapos estaba que rompía de buena. No me cabía la menor duda de que en pocos minutos mi móvil se saturaría con las notificaciones de los superlikes. Vale, vale, que no tengo abuela, pero es que no habéis visto esa foto. Yo me daba. 

    Me dediqué un buen rato a observar lo que había por ahí y la verdad es que me descorazoné un poco. Mucho vende-motos, mucho viceverso y mucho sinvergüenza que olía a casado o emparejado de aquí a Lima. Le di like a unos cuantos que me parecieron monos o con potencial suficiente de empotramiento para hacer que mereciera la pena, pero tras unas cuantas líneas de conversación mi interés se fue diluyendo. No soporto a las personas que cometen faltas de ortografía de manera constante. Activan mi vena asesina y eso os aseguro que no es muy recomendable. Así que, cuando me encuentro un “haber si nos vemos” o un “foyamos en tu casa o en la mía”, olvido el trasfondo romántico que se halla detrás de sus proposiciones y los mando al carajo. Eso explica el por qué estoy tan sola habitualmente, supongo…

    Y de repente apareció Alfredo85. Un tío aparentemente cañón por el volumen de sus brazos, embutido en un disfraz de jirafa junto a una especie de nave espacial que parecía construida con papel de aluminio. Qué crack. Buenorro y con tanto sentido del humor como poco del ridículo. Al contrario que el resto de los que había ido tanteando, su perfil mostraba detalles acerca de sus gustos y costumbres en la vida, interés por los viajes y la cultura, preferencias literarias y divagaciones sobre la vida que le envolvían en un sutil halo de misterio. A ver, que estaba para comérselo igualmente y no pensaba casarme con él, pero un revolcón con clase se disfruta mucho más. 

    A los cinco minutos de darle mi like tenía el suyo. No sé si sería el destino o que andaba de caza como yo, pero el caso es que no me lo pensé dos veces e inicié una conversación con él. Cada frase que iniciaba yo él tenía el don de completarla con éxito, parecía que me estuviera leyendo la mente. Eso solo resultó en volverme más precavida, ya que en el pasado me había encontrado con muchos tíos que te regalaban el oído y se jactaban de adivinar tus gustos para luego convertirse en repugnantes príncipes (yo soy más de sapos) que solo pensaban en ellos, luego en ellos y por último en ellos y sus colegas. No obstante, por mucho que alcé mis barreras, no tardó en derribarlas una por una.

    En un momento, estaba pegada a la pantalla con el cuerpo encendido y vibrante, ansiosa por aquellas palabras que desnudaban mi alma y mi piel. Lo narraba de una forma tan relajada y tan natural que era imposible no dejarse llevar. Por un momento, hasta parecía que mi mano se guiara por control remoto, acariciando mis zonas erógenas de una manera que nunca había imaginado. Ardía empapada en sudor y otros efluvios, deseando atravesar esa pantalla para conocer a aquel glorioso hombre. He de decir que aquello no fue solo unidireccional. Yo también lo di todo e imaginé situaciones que, aunque las hacía habitualmente cuando mantenía relaciones íntimas, jamás pensé que escribiría a un desconocido sintiendo un deseo tan real.

    Entonces me sorprendió proponiéndome una cita real, para aquella misma noche. Menuda locura. Había transcurrido menos de una hora desde el inicio de mi aventura en el Tinder y ya estaba corriendo a la ducha para arreglarme y conocer a aquel tipo. 

    Una vez di el visto bueno a mi aspecto, llamé a mi mejor amiga, Sonia, y le expuse la situación. Me animó a que disfrutara de la noche y tomó nota del hotel y la habitación que me había dado Alfredo para nuestro encuentro. No hay precaución pequeña según está la cosa hoy en día. Preparé mi jeringuilla con el tranquilizante y la escondí en el bolsillo oculto de mi vestido, por si el asunto se ponía realmente feo, aunque intuía que no sería así. 

    Llegué al hall del hotel diez minutos antes de la cita, con mi vestido rojo diablo y las pinturas de batalla en mi rostro. Me acerqué a la barra del hotel para hacer tiempo, pero antes de poder pedir nada sentí una presencia detrás de mí que me llamó por mi nombre.

    —Estás increíble, Silvia. Soy Alfredo85, pero puedes llamarme Al si quieres.

    Era imposible. Su voz también resultaba terriblemente sexy. Mira que yo no me dejo impresionar fácilmente, pero aquel tipo no parecía humano. Si en la cama se mostraba a la misma altura aquella noche prometía ser memorable.

    Me recoloqué disimuladamente el escote para lucir más mis encantos y le cogí de la mano directamente para dirigirnos al ascensor. Capté una imagen mental en la que Al lo bloqueaba, me cogía entre sus fuertes brazos allí mismo y me empotraba salvajemente mientras mis dientes mordían su mano con cada acometida… pero nada de eso ocurrió. Sí que se me acercó para susurrarme algo al oído, pero no era lo que esperaba escuchar.

    —Quiero que esto sea algo especial… es mi primera vez…

    Le miré de arriba a abajo y asentí mientras carcajeaba. Definitivamente Al tenía un sentido del humor muy especial. Me siguió las risas y en cuanto llegamos al piso octavo, nuestra planta, se acercó despacio y me besó de tal manera que me puso el vello y otras cosas de punta…

    Iba a ser una noche de puro fuego.

    ********************************************************************************************************
    Hasta el momento parecía ir todo bien. Había dedicado mucho tiempo y trabajo a preparar aquella cita y de lo que no me cabía duda era de que mi elección había sido perfecta. Silvia era una mujer divertida y sexy, atrevida pero precavida y muy, muy hermosa a mi parecer. Esperaba impresionarla con lo que vendría a continuación, llegaba la hora de la verdad. Abrí la puerta con la tarjeta de la habitación e invité a Silvia a pasar. Sin darme la espalda, aceptó la invitación gustosa, lanzándome una mirada que prometía emociones fuertes. Cuando entró al salón de la suite, comenzó a sonar su canción favorita, Lady in Red y por unos instantes se quedó helada. Para quitarle el frío, la tomé entre mis brazos y bailé un poco con ella, tal cual me habían enseñado, meciéndonos en un movimiento acompasado al son de la letra que impulsaba a sus labios hacia los míos. La llevé danzando hacia la cama mientras iba bajando ligeramente la cremallera de su vestido. La cosa debía ir bien porque no puso ningún reparo. Debajo del vestido tenía algo con lo que no había contado, un sujetador con corchetes. Analicé rápidamente la técnica para abrirlo pero temía resultar demasiado torpe y romper la magia. Aquello no podía suceder, así que mientras mis labios recorrían sus hombros y dibujaba su espalda con la yema de mis dedos, opté por la vía salvaje y desgarré con mis dientes la tira del sujetador. Noté como se estremecía ante mi salvaje gesto… parecía que había salvado aquello. Ella no se quedó quieta y recorrió mi envoltura con una mezcla de dulzura y frenesí que resultaba muy placentera. Mi instrumento comenzó a crecer hasta tener el tamaño esperado y la mirada ojiplática de Silvia parecía indicar que aquello cubría sin duda sus mejores expectativas. Estaba próxima nuestra fusión, su sexo húmedo e hinchado así parecía indicarlo, pero cuando me disponía a devorarlo tal y como correspondía, me detuvo…

    —Espera, espera, llevas protección, ¿no?


    Protección. Qué narices era protección. Por supuesto le dije que sí y le pedí que me esperara mientras me iba corriendo al baño. Ahí busqué en google sexo y protección. Tras revisar los resultados, me hice a la idea que lo de la protección se refería a un objeto llamado condón, una especie de globito feo que se ponía de alguna manera en el pene con el fin de tener sexo seguro. Mierda, no llevaba ningún globito de esos. Busqué en el neceser que incluía el hotel pero nada. Los hoteles no querían clientes seguros. Así que volví a la cama y le pregunté a Silvia si ella tenía, ya que, mentí, me había dejado los míos en el coche. Rebuscó en su bolso y me entregó una caja. Volví al baño y cogí uno. Parecía que con eso sería suficiente. Lo abrí pero no encontré instrucciones de hacia qué lado ponerse. Me lo llevé a la boca y lo inflé, como había visto hacer al señor de los globos en el Retiro, pero con aire aquello era imposible de colocar. Aproveché el desperdicio para hacer un perrito con el globo creado, ya que era muy manitas, y saqué otro para intentar tener más suerte. Oí a Silvia llamarme, impaciente. Lo que menos deseaba era hacerla esperar. Miré un par de vídeos en youtube y por fin conseguí introducir mi miembro dentro de aquella cosa. 

    Volví al dormitorio, donde Silvia me lanzó una mirada de desaprobación.

    —¿No se dejaba poner?

    —Ya te dije que soy virgen, es mi primera vez.

    —Claro, claro. Anda, ven aquí.

    Los vídeos que había visto me ayudaron bastante a la hora de practicar el acto. Silvia no paraba de gemir y gritar mientras le susurraba poemas a la par que hacía la cama rebotar contra la pared. Sentía un ligero cosquilleo ahí abajo, que supuse que era lo que tenía tanta fama. Miré hacia el nexo de unión de nuestros cuerpos y acerté a ver cómo el condón estaba empapado totalmente por fuera. Yo seguía con mi ritmo, sin tener muy claro cuándo debía parar. Había películas de hora y media y otras más cortas, pero no tenía la certeza del momento adecuado de finalización de la unión. Habían transcurrido un par de horas y Silvia me miraba ya implorándome piedad. Sin embargo, lo que sus ojos me imploraban su cuerpo lo rechazaba y me asía aún más fuerte con las rodillas, como si fuera una pinza. 

    —Dámelo todo, me dijo. Quiere verte tal cual eres.

    Tras aquella noche triunfal, no podía sino complacerla. Abrí la cara y el pecho de mi cubierta y salí de aquel cuerpo prestado con mis doce brazos. Su primera impresión fue mirarme con horror, así que intenté que me comprendiera.

    —Silvia, creo que te quiero.

    —Haz el favor de volver ahí dentro, Al, yo no he visto nada…

    El amanecer nos encontró entrelazados, ella con una sonrisa en el rostro que no se pudo quitar jamás. Descubrí que lo llamaban rigor mortis o algo así…

    Abrí el armario, me puse mi disfraz de jirafa y esperé pacientemente al tercer destello para desmaterializarme.
















  • Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019 para el objetivo 13- Escribe un relato erótico
  • Objetos ocultos: nº2 Disfraz de jirafa y nº3 jeringuilla
  • Milpalabrista: 2019 palabras XD
  • Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:

    http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

    o en

    http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html
  • Aquí dejo la pegatina: