Bosque...

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jueves, 4 de agosto de 2011

La Carta

Para completar el ciclo de historias narradas en la radio, os dejo "La Carta". Para los que andan esperando algún destello de mis proyectos, únicamente decir que van por buen camino...

Para escuchar, pulsad en el play... :-P (y si no carga pulsad F5 o probad con el Firefox).




Y para los que prefieren leer:

LA CARTA

   Sario Yenú era un hombre fascinante, un hombre genial, de ese tipo de gente que tiene carisma entre las personas, pero un carisma especial, merecido. Era un aventurero que a la vez ayudaba a la gente. A lo largo de sus numerosos viajes, no todos ellos impregnados del aroma del éxito, lo cual le hacía gozar más aún del respeto de la gente, se había tenido que enfrentar ante retos imposibles y enigmas inescrutables. Pero él hacía relativo lo absoluto y casi siempre acababa triunfando. Y lo más fascinante de todo era que no intentaba sacar provecho de ello, sus fines eran completamente altruistas. Esto, por supuesto, le acarreó numerosos enemigos, pero también inigualables amigos que vivieron junto a él múltiples leyendas.

   Sario Yenú, hijo de las estrellas, tenía el pelo y los ojos de un intenso negro azabache, era alto y esbelto, bien parecido, con una expresión afable y una mirada inteligente, un rostro que se hacía difícil de imaginar enfurecido.

   Sario Yenú era un soñador, un idealista en cuyo mundo los sueños se cumplían. Sario Yenú era un hombre feliz.

   Es una lástima que Sario Yenú no participe en esta historia...

   Porque esta historia es sobre otro hombre, en otro mundo, en otro momento. Sobre un hombre nada fascinante. Sobre un hombre gris. Sobre un ... pobre hombre.

*******

   Cirilo Páez, soltero, 32 años, funcionario del estado de día y vigilante jurado de noche, podría haber sido candidato al premio al hombre más gris del Universo. Traspasaba ampliamente las fronteras de lo opuesto a fascinante para llegar a ser, prácticamente, nadie. Era tan solo una pieza más en la rueda del mundo, pero una prescindible, como el apéndice del cuerpo humano. Cirilo Páez no tenía tiempo libre, no se lo podía permitir. Cirilo Páez tampoco podía permitirse el lujo de tener sueños o ideales. Cirilo Páez trabajaba duro pensando en un futuro. Quizá porque en el fondo sabía que en el presente estaba muerto...

   Cirilo Páez, delgado, 1’72, cejijunto, con boca pequeña y nariz ganchuda, ojos marrones, apagados, y pelo castaño tirando a gris ceniza, jamás tuvo una inteligencia brillante, ni un físico arrollador, ni siquiera una personalidad atrayente. Era uno del montón, un engranaje de la sociedad, sin aspiraciones, sin metas, excepto la de seguir existiendo. Cirilo Páez no tenía amigos, eran un lujo que no podía permitirse, algo que podía descentrarle de su labor. Porque para Cirilo Páez, su trabajo era su vida, y su vida su trabajo.

   Cirilo era rutina, cada día hacía lo mismo.

   Cirilo no era ni triste ni feliz, porque no tenía tiempo de saber qué era eso.

*******

   Un día, Cirilo recibió una carta. Era muy breve, de hecho tan solo decía: “te voy a ayudar”, y la rúbrica era un corazón. Cirilo, sin mucho interés, tiró la carta a la papelera, no tenía tiempo para imaginar por qué alguien le había mandado aquello. Seguramente sería un error.

   Tras una rutinaria semana, Cirilo se encontró con dos nuevas sorpresas, una carta y una hermosa flor azul cuyo nombre desconocía, pues jamás había visto algo parecido. Con la simple curiosidad rutinaria, Cirilo abrió el sobre y extrajo una pequeña nota del interior, que decía: “en todos los corazones habita la fuerza del enamorado, que se alimenta de sueños, como la flor corazón”. En aquel momento Cirilo se dio cuenta de la silueta de la flor azul.

   Aquella misteriosa frase consiguió captar el interés de Cirilo, pero él desconocía qué eran los sueños y el amor, y todo eso del corazón le parecía poco serio. Si alguien intentaba tomarle el pelo, ese no era el camino correcto. Pero esa carta ya no acabó en la papelera...

   Dos semanas más tarde, al llegar Cirilo a su despacho matutino, se encontró con tres nuevas sorpresas, una flor corazón, esta vez multicolor, un pequeño libro titulado “Viajeros”, de un escritor desconocido, y una breve nota: “Es hora de que comiences a soñar y forjes un nuevo destino en el que los sentimientos y la imaginación tengan cabida. Yo siempre estaré contigo”.

   La mente de Cirilo Páez, anquilosada en la rutina diaria, empezó a entablar un duro combate consigo misma. Cirilo comenzó a tener dudas y a ver desmoronarse su mundo. Cirilo sintió el ansia de soñar, pero no, no podía permitírselo. Aunque aquello del destino, aquello que simbolizaba ese breve relato que le habían dado... ¿y si fuera verdad? ¿y si el mundo pudiera ser maravilloso? Necesitaba una confirmación, una última señal, una última nota que le mostrara el camino.

*******

   Aquella mañana, su secretaria le llamó a su casa quince minutos antes de salir para avisarle de que había alguien esperándole en su despacho, una guapa mujer de ojos brillantes --le dijo ella con un tono de camarada -- que además traía una flor, un gran libro y algo más que ni su curiosidad había conseguido descubrir.

   Entonces Cirilo se puso a soñar. Rápidamente sacó de su armario su mejor traje y se afeitó la perilla. Tras examinarse por completo ante el espejo, con una luz brillante en sus ojos, con la sonrisa en los labios y el corazón frenético, Cirilo salió de casa para coger el autobús. Pero esta vez... fue el autobús quien lo cogió a él. Y de esta manera tan triste es como acabó la vida de Cirilo Páez, quien llegó a ser el hombre menos fascinante del mundo. Alguien le enseñó a soñar, le hizo salir de aquel universo gris que obstruía su alma y le hizo sentirse feliz por algunos instantes, y lo que es más importante, le hizo sentirse vivo. Pero no todas las historias tienen final feliz, sobretodo en este mundo. Un sueño puede despertar el amor, pero no detener un autobús, esa es la lección que le faltó aprender a Cirilo.

   ¿Y qué pasó con la mujer? Pues que volvió al lugar de donde procedía, donde vivió innumerables y fantásticas aventuras junto a su querido y fiel amigo... Sario Yenú.

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