Bosque...

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sábado, 5 de febrero de 2011

Libros de la niñez...

 Recientemente he terminado de leer (sí, de nuevo en el ebook) "El sobrino del mago", la primera novela (en orden cronológico de lectura) de las Crónicas de Narnia. En este caso no voy a poner la sinopsis porque es un libro muy cortito y no quiero desvelar nada, pero es un libro que me ha dejado buen sabor de boca (recomendable para los que les guste la fantasía y volver a sentirse niños...) y me ha hecho recordar, por la forma en la que está escrito, mis lecturas de mi niñez...
Hoy quiero hablar de esos libros que, bien por haberlos leído y releído veinte veces o bien por lo que supusieron en su momento, se han guardado con cariño en mi memoria...

El primer libro que quiero mencionar es Fray Perico y su borrico, de Juan Muñoz Martín. Es la historia de un fraile torpe, inocente y bonachón que con sus ocurrencias y aventuras cambia para siempre la historia de un convento. En su época debí leérmelo como cinco o seis veces y siempre me hacía reír o me provocaba alguna sonrisa. Le tengo un gran recuerdo.


Otro de la misma colección que también recuerdo con cariño es el libro de Las aventuras de Vania el forzudo, de Otfried Preussler, que narra las aventuras de un joven oriental que adquiere una fuerza increíble a base de comer pipas de girasol y emprende un viaje lleno de aventuras con el fin de llegar a ser zar... y a mí con lo que me gustaban las pipas... ufff, pero nada, eso sólo le pasaba a él, yo sigo siendo un tirillas de brazos... ^_^`




Del siguiente libro no tengo carátula, porque sospecho que ya dejó de editarse y porque desgraciadamente ya no lo conservo.... Se trata de Historias de Jorge, de Santiago Pérez Minocci (Ediciones distribuiciones Fraile, colección Baúl de Aventuras). Narra en clave de humor las aventuras y ocurrencias de un muchacho llamado Jorge, con su hermano, su familia, en la escuela, mostrándonos esa vida y costumbres que había hace ya algunas décadas a través de los ojos y travesuras de un niño.

Curiosamente, el libro que voy a mencionar ahora nunca lo he tenido y solo lo leí una vez, pero fue el que terminó de descubrirme el mundo de la ciencia ficción y lo disfruté mucho. Se trata de Shakanjoisha, de Jordi Sierra i Fabra, un mundo mágico y maravilloso de luz y oscuridad. Con mis trece años me parecía lo más de lo más (a continuación me leí la historia interminable y el hobbit y ya me sentí el más feliz del mundo ante las posibilidades... jaja...).


Pero si hay un libro que hizo que mi mente se llenara de sueños e ideas ese es "La historia interminable", de Michael Ende. Poco hay que decir que no se sepa ya de este libro, aunque creo que es una pena que la película no le hiciera la justicia que merece, principalmente en cuanto a la segunda mitad del libro, que queda totalmente ignorada...





Esos son solo unos ejemplos de los muchos libros que tuve la suerte de leer de pequeño. No me quiero olvidar de los Hollister, los Bobsey, los Cinco y los Siete Secretos, Rubicún, Los hijos del vidriero, Asterix, etc., etc. Después llegarían El Hobbit, El Señor de los Anillos... y otros tantos que merecen espacio propio para otro momento y lugar...

¿Cuáles fueron los tuyos?



Ana María Matute: la realidad de la imaginación

Entrevista a Ana María Matute en ElPais.com

Os apunto a una entrevista reciente que hizo Ana María Matute en El País, hablando sobre lo que ha supuesto la literatura en su vida.

viernes, 28 de enero de 2011

El Goblin

Y para los nostálgicos, es decir, para mí mismo un cuento que escribí hace unos años, "El Goblin", narrado en el antiguo programa de M80 Radio "Cuento Contigo", por la dulce voz de Alicia Sánchez.

 
También por escrito, por supuesto...

El Goblin - Raúl Doblas Prades
Me sentía fatal. Me sentía fatal por no tener un nombre. Me sentía fatal por conocer mi futuro. Por conocer algo que no existía.

Nadie se preocupa por nosotros. Somos feos, desagradables, malvados, estúpidos y cobardes. Aunque somos temibles en el combate, por nuestras tácticas irracionales y suicidas. Yo no soy diferente de los demás, ni más listo ni mejor, odio la bondad tanto como ellos y soy un fanático del caos... pero algo controla mi débil mente. ¡Maldita sea lo que me permitió ver el futuro! Mis torpes y vagas ideas se ven transformadas en frases comunes. Es difícil de soportar, pero debo hacerlo en solitario. De todas formas, la respuesta más probable a mi relato sería un eructo o el lanzamiento de un hacha...

En la última semana habíamos estado muy activos. El comandante humano que controlaba nuestras hordas nos había dado permiso para que nos divirtiéramos, y habíamos arrasado decenas de aldeas. Disfrutábamos destrozando las frágiles chozas de barro y paja, violando a las repulsivas mujeres humanas para satisfacernos con sus ahogados gemidos de desesperación y quemando vivos a aquellos que osaban hacernos frente con sus azadas y rastrillos. Esos eran nuestros momentos de gloria, cuando sentíamos el respeto que impone el terror...



El día que nos encomendaron aquella cacería el viento soplaba del Norte. Por lo general, esto significaba que sufriríamos un intenso frío. Nos enfundamos nuestras apestosas pieles y marchamos a la caza de los confiados viajeros. Un ruidoso grupo formado por treinta goblins aullábamos sedientos de sangre. Nadie nos pediría que trajésemos a las víctimas vivas. Hubiera sido en vano. Las hachas, que aún goteaban el caliente caldo rojizo de la última carnicería, centelleaban con las primeras luces del alba. Para cuando llegamos al lugar donde debíamos aguardar a los futuros cadáveres, éramos tan sólo veintiocho goblins. Dos de ellos habían muerto en una absurda riña acerca de quién segaría el primer brazo. Su demostración de habilidades resultó poco... convincente.

Por fin aparecieron los tres viajeros, dos humanos y una humana. Ellos sí tenían nombres. Ellos sí tenían un pasado y un futuro. Aunque este último parecía ser el filo de nuestras hachas... Tras un estridente berrido, nos abalanzamos sin ningún orden ni estrategia, convencidos de nuestra victoria. Cuatro goblins acometieron sobre la mujer, que ágilmente se agarró a la gruesa rama de un árbol y derribo a dos de ellos con un doble puntapié. Cuando uno de los dos restantes se disponía a ensartarle el hacha en la espalda, el humano que se encontraba junto a ella sacó su reluciente espada y segó el brazo ejecutor del goblin, que cayó dolorido. El cuarto atacante aprovechó para decapitar a su incapacitado compañero, del cual envidiaba sus enormes botas de piel de serpiente. Satisfecho con su botín, se internó en la espesura, huyendo del combate. En aquel momento, todos los goblins restantes, unos quince, después de la excitación de los primeros momentos (nosotros los goblins no hacemos miramientos a la hora de matar), arremetimos contra los humanos, que se cubrían las espaldas con un gigantesco árbol. El humano al que llamaban Sario se batía de forma espléndida. Con una increíble agilidad y destreza, manejaba su pesada espada hiriendo e inutilizando a cuanto goblin intentaba atacarle. El par de hachas que pasaron junto a su cabeza para acabar perforando el tronco del árbol no le hicieron modificar un ápice su táctica de no matarnos, sino inutilizarnos. Quizá ignoraba que un goblin inutilizado era un goblin muerto, pero... ¡esas deducciones están más allá de mis capacidades! ¡Odio profundamente a quien me concedió este maldito don! La mujer, llamada Irina, parecía danzar mientras manejaba diestramente el cuchillo con la mano izquierda, efectuando constantes fintas para evitar las torpes acometidas de mis compañeros. Sorprendentemente, en pocos minutos ya sólo quedábamos cinco goblins en pie, los goblins que, inmovilizados ante la mirada de aquel tercer personaje, habíamos contemplado atónitos la derrota de nuestros compañeros. Ya no teníamos nada que hacer allí. No comprendíamos. A mí me empezó a doler la cabeza... Y entonces decidimos hacer lo que cualquier goblin hubiera hecho. Escapar corriendo. Yo fui el último en hacerlo, tras cruzar mi mirada con la de cada uno de mis enemigos y sentir algo que me hacía pensar... y odiar, que para un goblin es lo mismo. Pero este odio...



Llegamos al campamento a mediodía, después de haber saqueado a nuestros compañeros moribundos. Éramos ya sólo cuatro, pues uno de nosotros había sufrido un desgraciado accidente... al chocar su cabeza con un hacha que pasaba por allí...

El comandante pareció satisfecho de nuestro relato. Él era muy inteligente, sabía leer, y además podía visualizar la realidad que nosotros exagerábamos en un intento desesperado por salvar el pellejo. El comandante murmuró algo acerca de que todo marchaba según lo previsto y con una gran sonrisa nos felicitó y se retiró a su tienda.

El comandante humano también tenía un nombre. Ellos tienen. Nosotros no. Esa es la diferencia.

A la caída de la tarde, a los cuatro supervivientes nos prepararon un delicioso festín por el éxito de nuestra misión. Jamás he comido mejor. Y aquella noche... aquella noche soñé. Soñé que tenía un nombre, que no era un mero comparsa de una gran leyenda. Soñé con hacer algo importante. Soñé que degollaba al comandante y su sangre inundaba mi rostro mientras me sumergía en sus entrañas. Porque, al fin y al cabo, soy un goblin. Porque, al fin y al cabo, fuimos ejecutados al amanecer...

Testigos del silencio (Kathy Reichs)

Testigos del silencio (Dejà Dead en el original), de Kathy Reichs, es la primera novela que he leído en mi Kindle. Hacía tiempo que tenía ganas de leer esta novela, principalmente por Bones, la serie de televisión inspirada en el personaje creado por Kathy Reichs. Hay que confesar que poco es el parecido entre una doctora Brennan y la otra, pero vayamos al texto, del cual es dejo la sinopsis, para que os hagais una idea.

Sinópsis de Testigos del silencio:
La doctora Temperance Brennan acaba de llegar a Montreal para cubrir el puesto de directora del Departamento de Antropología forense de la provincia de Quebec. Atrás ha dejado una situación matrimonial delicada y una época de trabajo nada fácil, por lo que Tempe acaricia la perspectiva de un relajante fin de semana. Antes, sin embargo, debe personarse en el lugar donde la policía acaba de encontrar un cadáver descuartizado y meticulosamente clasificado en bolsas de plástico. El singular proceder del asesino le resulta terriblemente familiar a la forense, y en seguida acude a su memoria el caso de la joven Chantale Trottier, de dieciséis años, que había llegado a la morgue desnuda, escrupulosamente descuartizada y empaquetada en varias bolsas de basura tiempo atrás. Con la certeza de que un asesino anda suelto por la ciudad, Tempe ha de recurrir a sus habilidades como forense para probar que ambos casos están relacionados. Pero para lograr la detención del psicópata ha de convencer a sus colegas del Departamento de Policía de que sus sospechas son ciertas, por lo que no le queda más remedio que actuar con rapidez e incluso poner en peligro su vida y la de cuantos la rodean.

Para mi gusto el ritmo de la novela es bueno pero le falta un poco de sal... me resultó de esos libros que no llegan ni a engancharte para que los devores ni a decepcionarte lo suficiente para dejarlos, siendo lo mejor de todo la parte final, que sí que resulta trepidante e inquietante. En definitiva, yo le pondría un 7 sobre 10... si te gustan las novelas de crímenes, merece la pena darle una oportunidad.

Lo mejor: Un final trepidante y convincente...
Lo peor: Que la doctora Brennan no se parezca a Emily Deschannel... jajaja.
¡¡Hasta el próximo mes!!

El año que volvieron las palabras...



En las navidades pasadas, el gran sabio Papá Noel me trajo, entre otras cosas, un maravilloso Kindle 3G (imagen a la izquierda). He debido portarme muy bien... porque es un regalo estupendo... que además me ha recordado porqué me gustaban tanto las palabras... y me ha traído hasta aquí, después de tantos años, para iniciar aquello que tantas veces he pospuesto. Así que lo primero que se me ha ocurrido, como homenaje a mi querido ebook y a las palabras, es empezar el post comentando ligeramente el primer libro que me he leído en el aparato. La idea es hacerlo cada mes, con el fin, aunque suene mál decirlo, de que esto vaya cogiendo forma y de obligarme también a leer al menos un libro cada mes... con el tiempo surgirán también otros temas relacionados con las palabras, la fantasía o la magia... y espero poder contar que he vuelto a escribir algo, me lo debo a mí mismo y a todos los que dejé naúfragos de palabras...